Las malas palabras
Las palabras, nos ayudan a manifestarnos, a expresar nuestras ideas, lo que sentimos, lo que pensamos y todos los usamos con ese fin. Según Fontanarrosa “con las palabras ocurre que todas son válidas, pero son buenas o malas si operativamente sirven al objetivo que las hizo nacer: entenderse y hacerse entender, es decir, ser útiles”.
Sin embargo, generalmente, cuando nos referimos a las malas palabras, hablamos de aquellos términos o expresiones que pueden resultar ofensivos para otras personas, y con las que pretendemos “insultar” al otro. Por ejemplo, cuando tratamos de ignorante a una persona, pretendemos que se sienta ofendida al igual que cuando usamos palabras vulgares (como “boludo”) que cada vez son más frecuentes en los jóvenes.
También deben incluirse dentro de las malas palabras a aquellas que pronunciamos mal y que provocan que no seamos claros a la hora de transmitir y expresarnos.
Cuando no sabemos el significado de algunos términos y los empleamos mal, logrando que cambien el sentido de lo que realmente queremos decir y provocando una confusión a quienes las escuchan, estamos utilizando también las denominadas malas palabras.
Así como las “buenas palabras” facilitan la comunicación entre las personas y permiten dar a conocer nuestros sentimientos, conocimientos y valores; las “malas palabras”, por el contrario suelen ser agresivas, confusas, espontáneas ya que muchas veces las utilizamos sin pensar realmente lo que estamos diciendo, e incluso pueden reflejar incoherencia e ignorancia por la mala utilización del lenguaje.
Por lo tanto ¿Qué esperamos para desplazar las malas palabras de nuestras vidas?